viernes, 17 de julio de 2015

Ciudad en llamas o las semillas que sembramos





Acabo de terminar de leer otra novela de José Luis Muñoz, Ciudad en llamas, publicada, esta vez, por Neverland Ediciones. La cierro y la dejo en la mesa, pero la miro  y la vuelvo a abrir para releerla y descubrir si persisten la  angustia y desazón que sentí conforme pasaba las páginas en su primera lectura.

Ciudad en llamas nos avisa y advierte  de lo que ocurrirá si se mantienen ciertos comportamientos gubernamentales y sociales. Por eso, justamente, es una novela distópica.  La acción se desarrolla en un futuro aún alejado, pero no tanto: en el año 2070. Como todo tiene su porqué y su causa esa deplorable sociedad futura proviene de procesos conformados en la actualidad.

Es Barcelona el escenario  de la ficción, aunque podría ser cualquier otro sitio, porque las semillas se han ido sembrando en Europa y en todos los demás Continentes con la caída del muro de Berlín, el ataque terrorista a las Torres Gemelas, la guerra de Irak, etc. Las semillas se han lanzado al aire y han caído en Oriente y en Occidente.

  
Empecemos hablando del poder del pueblo, que es inexistente en la novela y muy debilitado en la actualidad. El ejemplo más evidente y reciente lo tenemos en Grecia con su ineficaz referéndum. Parece mentira que el 61% de los griegos haya votado en contra de los ajustes exigidos por la Troika y que Alexis Tsipras haya negociado para seguir en la eurozona cuando la decisión del pueblo era la de salir de la zona euro. Esa voluntad del pueblo no coincide, aunque sea demencial, con la de sus representantes parlamentarios puesto que acaban de aprobar el plan de Bruselas por 229 votos a favor y 71 en contra.  El plan  conlleva subida de impuestos, rebaja de las pensiones, privatización de bienes públicos... más un nuevo rescate. En suma, más estrangulamiento del ciudadano para abonar la deuda pública. Por eso, creo, que lleva razón Varoufakis cuando califica ese menosprecio a la voluntad popular como un golpe de Estado, porque lo es. Entonces, ¿es un traidor Tsipras? En apariencia así es, aunque habrá que ver qué  le ha forzado a actuar así, si es que alguna vez lo sabemos.



Sigamos con la novela. Barcelona, en 2070, es una ciudad con un clima infernal por las altas temperaturas derivadas de continuos incendios  que una parte de sus habitantes,  los poderosos (súbditos, en la novela),  las soportan con avanzada tecnología. Es una ciudad asfixiante, asquerosa y gris porque las cenizas se agitan en el aire o cubren las calles y las edificaciones. No existe respeto alguno al medio ambiente, algo que, en la actualidad, podemos observar por doquier. ¿No se sigue construyendo donde parece? ¿No se elaboran por los Ayuntamientos y Comunidades Autónomas los planes de urbanismo  según dicta el interés económico sin respetar el hábitat natural? ¿No se dictan sentencias que jamás se ejecutan sobre estas materias? ¿No se carbonizan bosques adrede todos los veranos? Las semillas ya brotan para ese futuro hipotético.


En esa ciudad futura y candente  viven  los súbditos en bunkers protegidos por vallas electrificadas, trasladándose en potentes coches, tipo Hummer 2000 (por cierto, la primera vez que vi un coche de esta clase fue en uno de los países más subdesarrollados del mundo: Gambia). Sin embargo, los intrusos, la clase indefensa, subsisten trasladándose de un sitio para otro, devorando perros y, si no, siendo devorados por ellos. Coexisten, ahora mismo y en todas las ciudades del mundo, esos dos polos que progresivamente van alejándose como una torre piramidal. Todos conocemos, porque los hay en todas las ciudades, barrios dominados por mafias donde ni la propia Policía se atreve a entrar, de igual forma, un alto porcentaje de la población vive en campamentos de refugiados o navega por los mares  buscando una salida que jamás encontrará.  Y sin embargo, no se soluciona el problema ni se adoptan medidas efectivas - y humanas-  para evitar que esas cosas ocurran. Al contrario,  se vierte abono en las semillas para que crezcan porque el  caos siempre justificará la aplicación de normas absolutistas.





¿Qué puede hacer el individuo cuando paulatinamente lo van convirtiendo
 en un ente debilitado, aislado y engullido por el poder económico? ¿Qué se puede hacer cuando, ante intereses en conflicto entre el poder y el ser humano, se sabe que perderá el más débil ya que  los comportamientos éticos se desdibujan porque  desaparece el concepto de lo justo para dar paso a lo conveniente, siempre para unos pocos, en la convivencia?   Ante todo no callar y, además, convendría, por pura subsistencia de la esencia individual, volver o ir a lo poético, porque externamente se avecinan importantes cambios contra los que no nos van a dejar razonar. 

José Luis Muñoz es autor de novela negra, de aventuras, histórica, erótica, etc., además, es cronista y colaborador incansable de múltiples periódicos y revistas sobre cine, literatura, política y viajes. Vive, desde hace algunos años, acompañado solo de su literatura, en el Valle de Arán desde donde nos muestra, a través de su blog (http://lasoledaddelcorredordefondo.blogspot.com.es/),  fotos e historias de su Montaña Mágica.